Nintendo ha aprovechado el Zelda 40th Anniversary Direct para poner fecha a uno de sus juegos más esperados de 2026. The Legend of Zelda: Ocarina of Time llegará el próximo 5 de noviembre en exclusiva para Nintendo Switch 2.
El remake había sido anunciado el pasado mes de junio, pero hasta ahora Nintendo apenas había mostrado información sobre el alcance de esta nueva versión. El Direct dedicado al 40 aniversario de la saga nos ha permitido comprobar que estamos ante algo bastante más ambicioso que una simple actualización gráfica.
Un Ocarina of Time reconstruido para Switch 2
Nintendo pretende conservar la estructura y esencia de la aventura de Nintendo 64, pero modernizando numerosos elementos. Eiji Aonuma lo ha presentado como una reinterpretación fiel realizada con tecnología moderna.
El apartado gráfico ha sido completamente reconstruido y ahora podremos controlar libremente la cámara, una diferencia importante respecto al juego original. Pero Nintendo también ha decidido tocar algunas de las mecánicas más reconocibles. Link dispone ahora de un botón dedicado para saltar, sustituyendo el salto automático del original, y contará con mayor libertad de movimiento.
También se incorporan nuevas ayudas de navegación, pensadas especialmente para los jugadores que visiten Hyrule por primera vez, sin alterar la estructura fundamental de la aventura.
Hasta la ocarina cambia
Una de las novedades más curiosas afecta precisamente al instrumento que da nombre al juego. Nintendo permitirá utilizar nuevas formas de interacción para interpretar las melodías de la ocarina, incluyendo funciones relacionadas con el micrófono, mientras que los personajes tendrán una presencia narrativa mucho mayor.
Además, se han ampliado algunos diálogos y los personajes contarán con voces en las secuencias, aunque Link seguirá manteniendo su tradicional papel de protagonista silencioso.
El objetivo parece claro: modernizar un videojuego de 1998 sin convertirlo en una aventura completamente diferente.
Precio y lanzamiento
The Legend of Zelda: Ocarina of Time estará disponible el 5 de noviembre de 2026 exclusivamente para Nintendo Switch 2.
Nintendo ha establecido dos precios:
59,99 euros en formato digital
69,99 euros en formato físico
La compañía tendrá así menos de dos meses entre la presentación en profundidad del juego y su llegada a las tiendas.
Nintendo prepara Switch 2 para recibir a Zelda
El remake tampoco llegará solo. Nintendo ha presentado una edición especial de Nintendo Switch 2 por el 40 aniversario de The Legend of Zelda, decorada con numerosos motivos de la saga y detalles de la Trifuerza.
Esta consola llegará antes que el propio juego, concretamente el 29 de octubre, acompañada además por un nuevo Nintendo Switch 2 Pro Controller temático. Eso sí, el pack de la consola no incluirá Ocarina of Time.
Nintendo también prepara nuevos amiibo de Link y Zelda basados en sus diseños del remake, previstos para 2027.
Una leyenda regresa 28 años después
No estamos hablando de cualquier Zelda. El Ocarina of Time original apareció para Nintendo 64 en 1998 y se convirtió en uno de los videojuegos fundamentales en la transición de las aventuras de acción hacia las tres dimensiones.
Esta tampoco será la primera vez que Nintendo reconstruya la aventura. En 2011 apareció The Legend of Zelda: Ocarina of Time 3D para Nintendo 3DS, desarrollado por Grezzo, con gráficos renovados, controles adaptados y diferentes mejoras.
Pero la versión de Switch 2 supone un salto mucho mayor.
Por primera vez desde aquel lanzamiento de Nintendo 64, Nintendo está reconstruyendo Ocarina of Time pensando en una consola doméstica moderna y modificando algunos de los sistemas jugables que durante casi tres décadas parecían intocables.
El 5 de noviembre volveremos al Bosque Kokiri. Y esta vez, Hyrule será bastante diferente a como lo recordábamos.
Pues al final no tendremos un Nintendo Direct en septiembre. Tendremos dos. Y en días consecutivos. Nintendo acaba de confirmar oficialmente dos presentaciones para la próxima semana, y una de ellas estará dedicada íntegramente a celebrar los 40 años de The Legend of Zelda.
Zelda abre el fuego el 8 de septiembre
El primero será el The Legend of Zelda 40th Anniversary Direct, que se emitirá el martes 8 de septiembre a las 16:00, hora peninsular española, y tendrá una duración aproximada de 30 minutos.
Nintendo promete ofrecer diversa información relacionada con la saga. Y aquí es donde empieza el peligro: 30 minutos de Zelda dan para bastante.
Con el aniversario en marcha y The Legend of Zelda: Ocarina of Time Remake como uno de los grandes proyectos de Switch 2, parece inevitable que todas las miradas estén puestas sobre él. Eso sí, Nintendo no ha detallado todavía qué juegos aparecerán.
Y al día siguiente… otro Nintendo Direct
Porque aparentemente uno no era suficiente. El miércoles 9 de septiembre, también a las 16:00, tendremos un segundo Nintendo Direct de aproximadamente 45 minutos.
Esta vez será una presentación general centrada en juegos de Nintendo Switch 2 que llegarán durante el próximo invierno.
Y todavía habrá más: tras el Direct, Nintendo of America emitirá un Nintendo Treehouse de casi dos horas mostrando gameplay de algunos de los títulos presentados.
Así que tenemos 30 minutos de Zelda + 45 minutos de Nintendo Direct + casi dos horas de Treehouse. Nintendo ha decidido que la productividad de la semana que viene era completamente opcional.
En DSaster estaremos muy atentos a todo lo que se anuncie. Porque septiembre acaba de ponerse bastante más interesante. Os dejo también la noticia en formato video vertical porque sé que a muchos os encanta. A ver qué nos depara la suerte y el destino con el próximo Nintendo Direct. Alea iacta est!
Hay juegos que envejecen bien, juegos que envejecen mal y luego está The Legend of Zelda, que directamente parece venir de una época en la que los videojuegos querían que sufrieramos un poquito.
Después de completarlo en Origen Nintendo, tengo clarísimo que jugar hoy al Zelda original de NES es una experiencia fascinante. A veces maravillosa. A veces desesperante. Y muchas veces las dos cosas al mismo tiempo.
Porque aquí Nintendo no te lleva de la mano. Ni siquiera te coge del brazo. Te deja en mitad de Hyrule, te da una espada y prácticamente te desea suerte. Y allá vas tú, como pollo sin cabeza a la aventura.
Bienvenido a Hyrule. Ahora búscate la vida
La primera vez que empiezas The Legend of Zelda aparece Link en mitad del mapa y no hay una flecha indicándote dónde ir, una misión marcada, un minimapa lleno de iconos ni un personaje explicándote durante diez minutos cuál es tu objetivo.
Hay una cueva cerca. Entras. Te dan una espada. Y comienza la aventura.
Ahora puede parecer una locura, pero precisamente ahí reside buena parte de la magia del juego. Hyrule es un lugar que tienes que aprender, no simplemente recorrer.
Durante mi partida me he perdido. Muchísimo. He dado vueltas pensando que estaba avanzando cuando realmente había regresado prácticamente al mismo sitio. He intentado recordar dónde estaba determinada pantalla. He buscado entradas a mazmorras. He vuelto sobre mis pasos.
Y, curiosamente, esa sensación me ha encantado. Porque perderse en este Zelda forma parte de la experiencia Zelda en Nintendo NES.
Cuando el mapa venía dentro de la caja
Hay algo importantísimo para entender el diseño del juego: The Legend of Zelda no estaba pensado exactamente para jugarse como lo hacemos ahora. El mapa físico que venía con el juego era parte de la experiencia. Esta parte del juego que se ha perdido por completo (los manuales de instrucciones, las cajas bien detalladas, los protectores de los juegos… ese embriagador aroma) es algo que me da muchísima pena. Como la idea de perder el formato físico. No podemos permitirlo.
Hoy estamos acostumbrados a considerar cualquier ayuda externa como lo habitual. Aquí ocurría justo lo contrario. Abrir aquel mapa, estudiarlo e intentar averiguar hacia dónde podías continuar era parte de la aventura. Y esto también convierte su edición original en algo precioso.
Porque pocas cosas representan mejor aquella época que esa maravillosa caja dorada y el mítico cartucho dorado de Zelda. Era uno de esos juegos que antes incluso de encender la consola ya parecían especiales.
Nintendo quería que supieras que aquello era una aventura importante. Y vaya si lo era.
¿Y si pongo una bomba aquí?
Otro concepto que hoy resultaría prácticamente impensable es la forma de descubrir algunos secretos. Ves una pared. Puede que detrás haya algo. Puede que no. ¿Cómo lo sabes? Pues poniendo una bomba.
No hay grietas enormes, pintura amarilla ni prácticamente ninguna pista visual que te diga: «Eh, jugador, aquí puedes hacer algo». Así que empiezas a experimentar. Una bomba aquí. Otra allá. Pruebas a quemar un arbusto. Empujas una piedra porque… ¿por qué no?
Muchas veces no ocurre absolutamente nada. Otras incluso te salen enemigos, pero cuando descubres una entrada secreta por pura casualidad, aparece una sensación que los videojuegos modernos tienen muchísimo más difícil conseguir: la de haber descubierto realmente un secreto.
No porque el juego quisiera que lo encontraras, sino porque tú decidiste probar.
Difícil, cruel y tremendamente satisfactorio
Y sí, The Legend of Zelda es difícil. Bastante. Especialmente si llegas esperando las facilidades de las entregas modernas. Los enemigos pueden hacer muchísimo daño, algunas habitaciones de las mazmorras son despiadadas y perderte puede provocar que acabes en lugares para los que quizá todavía no estás preparado.
Pero su mayor dificultad no está únicamente en los combates. Está en no saber.
No saber dónde está la siguiente mazmorra. No saber qué objeto necesitas. No saber dónde utilizarlo. No saber si esa pared esconde algo. No saber si llevas veinte minutos caminando en la dirección correcta.
Y ahí está probablemente la mayor diferencia respecto a jugar un Zelda moderno.
Guardar la partida: el verdadero jefe final
Aunque si tengo que elegir uno de mis grandes enemigos durante esta aventura no sería Ganon. Sería aprender a guardar la partida.
Me costó bastante más de lo que quiero reconocer descubrir cómo demonios se hacía correctamente. Hoy pulsamos un botón, aparece «Guardar partida» y asunto solucionado. Aquí hasta algo tan básico podía necesitar que conocieras el procedimiento.
Y esto resume perfectamente cómo eran muchos videojuegos de aquella época. No esperaban necesariamente que descubrieras absolutamente todo tú solo. Estaban el manual, el mapa, los amigos del colegio, las revistas y ese maravilloso boca a boca de: «Me han dicho que si pones una bomba aquí hay una cueva».
The Legend of Zelda permitía guardar nuestro progreso, sí, pero la forma de hacerlo estaba bastante lejos de lo que hoy consideraríamos intuitivo. De hecho, podíamos utilizar el segundo mando de la NES para acceder directamente a la opción de guardado.
El proceso era el siguiente:
Pulsar START en el primer mando para abrir la pantalla de inventario.
Coger el segundo mando y mantener pulsados al mismo tiempo A + ARRIBA en la cruceta.
Automáticamente aparecía una pantalla oculta desde la que podíamos seleccionar Save y guardar la partida.
¿Fácil? Cuando sabes que existe, sí. Ahora intenta descubrir esto en 1987 sin Internet, YouTube, tutoriales ni un señor gritándote en un Short cómo hacerlo en 20 segundos.
En mi caso me costó bastante aprender cómo demonios se guardaba la partida, y precisamente ahí está parte del encanto de volver hoy a este Zelda. Hasta algo tan básico como guardar podía convertirse en otro pequeño secreto que el juego esperaba que descubrieras.
Un Zelda que todavía entiende la aventura mejor que muchos juegos actuales
Evidentemente, The Legend of Zelda ha envejecido. Su dificultad puede resultar frustrante, algunas pistas son demasiado crípticas y hay secretos que difícilmente descubriríamos sin ayuda. Volver hoy completamente a ciegas puede convertirse en un ejercicio de paciencia considerable.
Pero después de terminarlo entiendo todavía mejor por qué este juego cambió tantas cosas. Porque debajo de todas esas limitaciones hay algo que sigue funcionando cuarenta años después: las ganas de explorar. De caminar una pantalla más. De probar una bomba. De quemar un arbusto. De entrar en una cueva. De preguntarte qué habrá al otro lado.
Y después de tantos años de mapas gigantescos repletos de indicadores, misiones, brújulas y puntos de interés, resulta tremendamente refrescante regresar a un Hyrule que simplemente te dice:
Ahí tienes el mundo. Ahora descubre qué hay dentro.
Lo mejor
La sensación absoluta de aventura y descubrimiento.
Un Hyrule pequeño para los estándares actuales, pero lleno de secretos.
La libertad que ofrece desde prácticamente el primer minuto.
Descubrir cuevas y secretos experimentando.
Su caja, su mapa y ese inolvidable cartucho dorado.
La nostalgia de una época en la que perderse no era un problema: era parte del juego.
Lo peor
Puede resultar demasiado críptico jugando sin ninguna ayuda.
Algunos secretos son prácticamente imposibles de intuir.
La dificultad tiene picos bastante importantes.
Determinadas mecánicas, como guardar la partida, hoy resultan innecesariamente poco intuitivas.
Nota DSaster: 9/10
The Legend of Zelda no necesita que ignoremos sus años para considerarlo una obra maestra. Precisamente lo interesante es jugarlo aceptándolos. Es tosco. Es difícil. Es críptico. En ocasiones puede llegar a desesperarte.
Pero también consigue algo maravilloso: hacerte sentir que Hyrule es tuyo porque has tenido que aprenderlo tú mismo.
Después de terminarlo en Origen Nintendo, me quedo sobre todo con eso. Con haberme perdido, haber colocado bombas donde no había absolutamente nada, haber sufrido para encontrar lugares que seguramente tenía delante de las narices y hasta haber tenido que aprender cómo narices se guardaba una partida.
Y quizás esa sea la mejor definición posible del primer Zelda. Una aventura que no quería enseñarte el camino. Quería que lo encontraras.
Aquí te dejo mi aventura completa por si la quieres ver y revisar. Seguro que te resulta de ayuda.