Hay juegos que intentan revolucionar un género y otros que simplemente quieren recuperar unas sensaciones que parecían haberse quedado atrás. Duskfade pertenece claramente al segundo grupo, y quizá por eso he disfrutado tanto de su propuesta.
El título de Weird Beluga, estudio español, recupera esa forma de entender las aventuras de acción y plataformas que fue tan habitual durante los primeros años de los 2000. Y mientras jugaba había un nombre que volvía constantemente a mi cabeza: Kingdom Hearts.

No porque Duskfade intente copiarlo directamente, sino por las sensaciones que transmite. Su protagonista, su arma, el diseño de algunos enemigos, el colorido de sus mundos y esa combinación de plataformas, exploración y combates hacen inevitable recordar por momentos a las aventuras de Sora.
Y para alguien que disfrutó de aquella generación de videojuegos, eso juega claramente a su favor.
Un mundo atrapado en una noche eterna
La historia nos pone en la piel de Zirian, un joven que vive junto a su hermana Allira en el fantástico mundo de Tick Town.
Después de que una serie de acontecimientos provoquen que el mundo quede sumido en una noche eterna y Allira termine atrapada en una misteriosa torre, Zirian emprenderá un viaje para rescatarla acompañado por Cuco, un peculiar pájaro mecánico.

La premisa funciona muy bien como excusa para llevarnos de un escenario a otro y descubrir un universo que apuesta constantemente por una presentación alegre, colorida y muy visual.
Aunque la historia toca temas algo más profundos relacionados con la familia, la pérdida y el paso del tiempo, Duskfade nunca pierde ese aspecto de aventura fantástica. Y eso me ha gustado especialmente.
No estamos ante un juego que necesite enormes explicaciones para mantenernos interesados. Su narrativa acompaña a la aventura y permite que el ritmo se mantenga prácticamente durante toda la partida.
Es imposible no pensar en Kingdom Hearts
Probablemente esta sea una de las primeras cosas que llamarán la atención a muchos jugadores. Duskfade me recuerda muchísimo a Kingdom Hearts. Y no es únicamente por llevar un arma que visualmente puede recordarnos a una llave espada.
Está en la combinación de acción y plataformas, en algunos diseños, en la forma de presentar sus mundos y especialmente en esa sensación de estar recorriendo una aventura fantástica de las que encontrábamos con frecuencia durante la época de PlayStation 2.

Duskfade no intenta ser Kingdom Hearts y tiene suficiente personalidad para construir su propio universo, pero creo que esa influencia es una de sus mayores virtudes. Porque consigue despertar una sensación muy concreta:
la de estar jugando a uno de aquellos juegos de aventuras 3D que descubríamos hace veinte años, pero realizado con tecnología actual. Y eso tiene muchísimo encanto. De hecho las plataformas que experimentamos me recuerdan en cierto modo a niveles de Super Mario Sunshine, incluso Super Mario Galaxy.
Moverse por Duskfade es posiblemente lo mejor del juego
Si hay un apartado en el que Duskfade me ha convencido especialmente es en su sistema de movimiento. Zirian va adquiriendo diferentes habilidades que hacen que desplazarse por los escenarios sea cada vez más divertido.
Podemos saltar, impulsarnos, planear, desplazarnos por raíles o utilizar un gancho para alcanzar determinadas zonas. Lo interesante es que todas estas mecánicas terminan combinándose.

Hay momentos en los que podemos encadenar un salto con un gancho, continuar deslizándonos por un raíl y terminar planeando hasta otra plataforma. Cuando el juego consigue juntar todos estos elementos, Duskfade funciona realmente bien.
Además, las nuevas habilidades van apareciendo progresivamente, por lo que siempre existe la sensación de que Zirian tiene alguna posibilidad más que unas horas antes. Es un sistema accesible, pero lo suficientemente dinámico como para que simplemente desplazarse por los niveles resulte entretenido.
Y en un plataformas 3D eso es fundamental.
Un buen ritmo que invita a seguir jugando
Otro de los aspectos que más me ha gustado es su ritmo. Duskfade combina plataformas, pequeñas secciones de exploración, combates y momentos narrativos sin detener demasiado la aventura.
Los escenarios tienen un recorrido relativamente marcado, aunque también encontramos zonas secundarias y secretos que nos invitan a desviarnos del camino principal.

Esto consigue algo importante: siempre parece que estamos avanzando. No he tenido la sensación de estar ante un juego artificialmente alargado ni ante una aventura que quiera llenar horas simplemente porque sí.
Duskfade sabe mantener un ritmo bastante constante y eso hace que resulte muy fácil jugar aquello de «cinco minutos más» y terminar avanzando bastante más de lo previsto.
El combate funciona, pero podría ser bastante mejor
Si el movimiento es uno de los grandes puntos fuertes, el sistema de combate es probablemente el apartado donde existe mayor margen de mejora. Y quiero dejar algo claro: no considero que sea un elemento negativo del juego.
Funciona. Tenemos ataques básicos, diferentes habilidades y posibilidades que vamos ampliando conforme progresamos. El problema es que las peleas pueden sentirse algo lentas y eso teniendo en cuenta de que no son demasiado largas…

Después de desplazarnos por los escenarios con tanta agilidad, entrar en combate supone en ocasiones reducir demasiado el ritmo. Algunos enfrentamientos, aunque breves, se sienten algo repetitivos y el sistema no transmite siempre la misma sensación de fluidez que encontramos en las plataformas.
Precisamente aquí vuelve a aparecer la comparación con Kingdom Hearts. Visualmente y conceptualmente existen elementos que pueden recordarnos a él, pero Duskfade todavía no alcanza esa sensación de fluidez y respuesta que esperamos de un sistema de combate de este estilo.
Hay una buena base. Con ataques algo más rápidos, mayor variedad y enfrentamientos que aprovechasen mejor las posibilidades de movimiento de Zirian, el combate podría convertirse en otra de las grandes virtudes del juego.
Tal y como está, cumple perfectamente su función, pero queda un escalón por debajo del excelente sistema de movimiento.
Una aventura llena de color
Visualmente Duskfade es uno de esos juegos que entra fácilmente por los ojos. Sus escenarios son muy alegres, coloridos y variados, con una estética fantástica que encaja perfectamente con el tono de la aventura.
Bosques, zonas acuáticas, desiertos, escenarios entre las nubes… el juego intenta que cada nueva zona tenga algo diferente que enseñarnos. También me gusta especialmente cómo utiliza el color para transmitir esa sensación de estar dentro de una aventura casi de dibujos animados.

No busca realismo. Busca personalidad. Y creo que acierta completamente con esa decisión. El resultado es un título visualmente muy agradable y, sobre todo, un juego que mantiene una identidad reconocible durante toda la aventura.
Duskfade sabe qué tipo de juego quiere ser
Quizá esta sea la mejor forma de resumir mi experiencia. Duskfade no reinventa los plataformas 3D ni pretende convertirse en una revolución dentro del género. Pero tampoco lo necesita.
Es una aventura con muchísimo encanto, un sistema de movimiento que funciona realmente bien, escenarios coloridos, buen ritmo y una propuesta que inevitablemente nos transporta a otra época.

Su sistema de combate podría ser más rápido y profundo, especialmente porque el resto del juego transmite constantemente una sensación de agilidad que las peleas no siempre consiguen mantener.
Pero incluso ahí encontramos una base interesante que podría crecer muchísimo en una futura entrega.
Lo mejor
El sistema de movimiento y cómo vamos encadenando habilidades.
El diseño alegre y colorido de sus mundos.
El buen ritmo de la aventura.
Ese sabor a plataformas y aventuras de principios de los 2000.
La sensación que transmite a quienes disfrutamos de juegos como Kingdom Hearts.
Lo mejorable
El combate resulta algo lento en comparación con la agilidad del movimiento.
Los enfrentamientos podrían tener algo más de variedad.
Hay margen para aprovechar mucho más las habilidades de Zirian durante las peleas.
Veredicto DSaster
Duskfade es uno de esos juegos que quizá no inventen nada nuevo, pero que consiguen recordar por qué nos enamoramos de este tipo de aventuras.
Personalmente, me ha resultado imposible jugarlo sin pensar en Kingdom Hearts y en aquella generación de aventuras 3D que combinaban mundos fantásticos, plataformas, exploración y combates. Hasta en algún momento me ha recordado a Medievil y eso es un piropazo.
Su sistema de movimiento es divertido, los escenarios tienen personalidad, visualmente es alegre y colorido y mantiene un ritmo que invita constantemente a continuar.
El combate es el apartado que más mejoraría. Funciona correctamente, pero resulta algo lento y no está al mismo nivel que las excelentes sensaciones que transmite moverse por sus escenarios.
Aun así, estamos hablando de aspectos mejorables dentro de una experiencia que me ha dejado muy buenas sensaciones.
Si echas de menos aquellas aventuras de principios de los 2000 y especialmente si eres aficionado a juegos como Kingdom Hearts, Duskfade merece mucho la pena.
Nota DSaster: 8/10
