Hay juegos que necesitan varias horas para convencerte y otros que consiguen llamar tu atención prácticamente desde el primer momento. Future Knight pertenece claramente al segundo grupo. Basta con verlo unos segundos en movimiento para entender cuál es su principal carta de presentación: esto es retro. Pero retro de verdad.
Y después de jugarlo, tengo bastante claro que no estamos únicamente ante un juego que intenta aprovecharse de la nostalgia. Future Knight será retro, sí, pero es retro del bueno.

Su estética fue precisamente lo primero que consiguió llamar mi atención. Estamos acostumbrados a que, cuando un juego independiente quiere mirar hacia el pasado, recurra inmediatamente al píxel, los 8 bits o los 16 bits. Aquí encontramos algo diferente.
Future Knight apuesta por una estética inspirada en aquellas antiguas maquinitas electrónicas con pantallas LCD que muchos tuvimos entre las manos hace ya unos cuantos años. La mía fue una Game & Watch de Donkey Kong… ¡Qué recuerdos!
El resultado es tremendamente particular y, sobre todo, consigue que el juego tenga identidad propia. Porque una cosa es intentar parecer antiguo y otra muy diferente conseguir que esa estética tenga sentido dentro del propio juego.
Primero te desconcierta y después te atrapa
Si visualmente Future Knight consiguió convencerme prácticamente desde el primer momento, con su jugabilidad la historia fue algo diferente. Tengo que reconocer que mis primeros minutos fueron un poco confusos. Sentí que el tutorial no era lo suficientemente claro y no comprendía demasiado bien la mecánica de «salirme de mi cuerpo».
El movimiento tiene unas características bastante particulares y, al principio, no terminaba de entender exactamente qué quería el juego de mí. Sabía lo que quería hacer, pero no siempre conseguía hacerlo de la manera que esperaba.

Y aquí podría parecer que estoy hablando de algo negativo, pero realmente esa sensación dura muy poco. Cuando digo que necesitas un periodo de adaptación, estoy hablando literalmente de unos minutos. La clásica curva de aprendizaje que todos sufrimos en algún momento existe, pero no es algo que destacaría como un punto especialmente negativo.
Poco a poco empiezas a entender cómo funciona el movimiento, cómo atacar correctamente y, sobre todo, cuál es el ritmo que Future Knight quiere que adoptes. Y cuando todo empieza a hacer clic, la experiencia cambia muchísimo. Lo que inicialmente podía parecer extraño termina siendo tremendamente satisfactorio.

Empiezas a moverte con mayor seguridad, a controlar mejor los ataques y los esquives y a enfrentarte a las situaciones que propone el juego de una forma completamente diferente. De repente, aquello que unos minutos antes parecía confuso empieza a tener sentido. Y ahí es donde Future Knight me ganó definitivamente.
Hay algo aquí que me recuerda a Ninja Gaiden
Mientras jugaba hubo varios momentos en los que inevitablemente me vino Ninja Gaiden a la cabeza. No estoy diciendo que Future Knight sea un Ninja Gaiden moderno ni que ambos juegos sean exactamente comparables. Porque para nada. Son juegos con temáticas completamente distintas. Es más una cuestión de sensaciones: los saltos, los desplazamientos de abajo arriba… todo resulta muy clásico y muy retro.
Ese movimiento rápido, la necesidad de entender lo que está sucediendo delante de ti y esa sensación de que, cuando haces las cosas correctamente, todo fluye de una manera especialmente satisfactoria consiguieron recordarme en algunos momentos al clásico de Tecmo.

Y para alguien como yo, decir que un juego consigue hacerme pensar, aunque sea por momentos, en Ninja Gaiden es un piropo bastante serio.
Además, me gusta que Future Knight no intente facilitarte absolutamente todo desde el primer segundo. Hay un pequeño proceso de aprendizaje. Muy breve, sí, pero existe. Primero dudas, después entiendes y finalmente empiezas a disfrutar realmente de sus posibilidades.
Personalmente, prefiero esto a un juego que me enseñe absolutamente todas sus cartas durante los primeros cinco minutos.
Una banda sonora brillante
Y después tenemos otro apartado que merece muchísimo la pena destacar: la banda sonora. Aquí tengo pocas dudas. Es uno de los elementos que más me han gustado de Future Knight.
La música es brillante, tremendamente divertida y acompaña perfectamente a lo que está sucediendo en pantalla. Pero, sobre todo, tiene personalidad. Y esto es importante.

Nos pudimos reír a gusto con el temazo de «Tuto Tuto Tutoriale», que acabamos canturreando entre todos durante el stream mientras jugábamos. Y creo que ese tipo de momentos dicen mucho de lo bien que funciona la música dentro del juego.
En un título con una apuesta estética tan particular, la banda sonora tenía que estar a la altura. No habría funcionado igual si el apartado visual estuviera intentando transportarnos constantemente al pasado mientras el sonido caminara en una dirección completamente diferente. Por suerte, no ocurre.
La banda sonora forma parte de la identidad del juego y ayuda muchísimo a reforzar esa sensación de estar delante de algo llegado desde otra época. Es de esas músicas que no están simplemente ahí para acompañar: terminan formando parte del recuerdo que te llevas del juego.
Retro, pero con personalidad
Probablemente esto último sea lo que mejor define mi experiencia con Future Knight. Estamos rodeados de videojuegos que utilizan lo retro como reclamo. Algunos lo hacen porque realmente tienen algo que aportar y otros simplemente porque un puñado de píxeles bien colocados pueden despertar rápidamente nuestra nostalgia.
Future Knight, por suerte, pertenece al primer grupo. Su estética llama inmediatamente la atención, pero después hay un videojuego detrás. Y eso es lo importante.

No es Contra, no es Probotector, no es Ninja Gaiden ni tampoco Metal Slug. Es Future Knight. Y con eso nos basta y nos sobra.
Tiene una jugabilidad que necesita unos minutos para que termines de comprenderla, pero que acaba siendo tremendamente divertida y satisfactoria. Tiene momentos que personalmente me han recordado a clásicos como Ninja Gaiden. Y tiene una banda sonora brillante que termina de darle personalidad al conjunto.
¿Es perfecto? No necesita serlo. De hecho, esa pequeña confusión inicial con sus movimientos probablemente pueda echar para atrás a alguien que espere un control completamente intuitivo desde el primer segundo. Pero creo que merece muchísimo la pena darle esos minutos que necesita.
Porque cuando haces clic con Future Knight, Future Knight también hace clic contigo. Y entonces entiendes perfectamente lo que intenta hacer.

No busca reinventar los videojuegos de acción ni esconder sus influencias. Busca recuperar determinadas sensaciones del pasado, construir algo divertido alrededor de ellas y darles suficiente personalidad para que no parezca simplemente otro ejercicio de nostalgia.
Y conmigo lo ha conseguido. Future Knight empieza dejándote un poco perdido, pero termina siendo retro del bueno, divertido, satisfactorio y con muchísima personalidad.
Al final, creo que puedo resumir mi experiencia de una manera bastante sencilla:
este caballero del futuro sabe bastante bien a juegazo del pasado.
Lo mejor
- Su estética LCD y su enorme personalidad visual.
- Una jugabilidad que, una vez superados los primeros minutos, se vuelve muy divertida y satisfactoria.
- El movimiento, los ataques y los esquives cuando empiezas a dominar sus mecánicas.
- Una banda sonora brillante, divertida y capaz de dejar momentos tan memorables como «Tuto Tuto Tutoriale».
- Consigue recuperar sensaciones de los clásicos sin limitarse a copiarlos.
Lo peor
- El tutorial podría explicar mejor algunas mecánicas, especialmente al comienzo.
- Los primeros minutos pueden resultar algo confusos hasta que entiendes el movimiento y algunas de sus particularidades.
8/10
Future Knight es retro del bueno. Tiene personalidad, una estética fantástica, una banda sonora brillante y una jugabilidad que pasa de desconcertarte durante los primeros minutos a convertirse precisamente en uno de sus puntos fuertes. No necesita ser Contra, Ninja Gaiden o Metal Slug para funcionar: Future Knight tiene suficiente personalidad para hacerse un hueco por sí mismo.













































